Se trata de la figura exenta de un caballo, que formaba parte de un objeto más complejo: una fíbula, el apéndice de una arma, un casco, una caja... o una vara de mando.
Posiblemente, este objeto pertenecería a una élite ecuestre ibérica, que consideraría el caballo un símbolo o representación del poder, del prestigio, de la fuerza... y de la guerra.