Libros

El retrat de la mirada. Francesc Borràs


 

Autora de los textos: Irma Secanell
Edición: Museo de la Noguera - Ayuntamiento de Balaguer
Características: 52 pàgines, 24 x  17 x 0.5 cm
Idioma: Catalán
Publicación: diciembre 2107

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La ciudad de Balaguer vivió durante siglos cerrada dentro del espacio delimitado por las murallas. El rio marcaba un límite que diferneciaba el espacio del hàbitat y el del trabajo; el espacio urbano y el de la huerta, principal fuente de riqueza y supervivéncia de los balaguerienses, un lugar inalterable dentro del imaginario de los ciudadanos.

Pero ya antes de la guerra de 1936-39 se percibia la necesidad de un crecimiento urbanístico debido a la densidad del tejido urbano dentro de las murallas y la imposibilidad de ampliar servicios. Seguramente fue esta la percepción que en el año 1940 dio la idea de construir un puente nuevo frente al Mercadal que enlazara el centro neurálgico de la ciudad con un camino que comunicaba directamente a la estación del ferrocarril.

El nuevo puente abrió definitivamente las puertas a la Balaguer moderna. La construcción del puente conllevó un proyecto de urbanización y construcción de las mencionadas "casitas baratas", siguiendo un criterio de ciudad agrícola impulsado por el ministerio de "Regiones davastadas" donde cada vivienda unifamiliar tenia su propio huerto. Posteriormente se realizaron otros órdenes urbanísticos que terminaron de dar forma a la planta de ciudad que tenemos hoy en dia.

Pero los años 60 marcaron una inflexión en la construcción de algunos edificios, tanto de uso público como de viviendas. Los estudios sobre arquitectura estaban anclados en un clasicismo favorecido para el régimen, pero los arquitectos de la época miraban al exterior y a través de sus viajes o de las publicaciones que llegaban, se introdujo un concepto de modernidad en las nuevas construcciones que se vio respaldado por las figuras de los promotores de obras y el buen hacer de los constructores de la época.

De esta manera, Balaguer vió como se levantaban edificios "modernos" como la casa Tartera, situada en la calle Doctor Fleming; el edificio Pijuan en la calle Pare Sanahuja, el Parador, el pavellón Polideportivo o tantos otros que estaran expuestos en la muestra que se presenta en el Museu de la Noguera.

L’arquitectura vehicle de modernitat. Balaguer anys 60es una producción del Museu de la Noguera comisariada por la arquitecta Mercè Bosch, estudiosa de la arquitectura de este periodo en las comarcas leridanas. La exposición quiere poner en valor una serie de edificios construidos hace cuatro décadas y que han quedado totalmente absorvidos por el paisaje urbano, mimetizados por el crecimiento de la ciudad y que por conocidos, pasan desapercibidos como pioneros de la modernidad de la ciudad. Arquitectos como Damià Solanes o Mariano Gomà, propotores particulares y públicos, constructores de la época, reunidos en una muestra con sus obras que han significado para muchos balaguerienses lugares llenos de vida, de encuentro o de disfrute y que recuperan a través de imágenes y planos originales el esplendor de hace 40 años.

Reseña bibliográfica


La obra de Francesc Borràs es en esencia un testigo pictórico del carácter de Balaguer. Sus pinturas muestran la vida en las calles, la gente y todo aquello que conformaba el relato colectivo de la ciudad. Aun así, además de la obra dedicada a los mercados, a las escenas cotidianas y a la vida en las calles, a las escenas cotidianas y a la vida en las calles, Francesc Borràs también realizó una serie de piezas para ganarse la vida. A menudo se trata de retratos que le encargaban las familias más poderosas e influyentes, y constituyen la parte más comercial de su trabajo. En este género fue un artista muy prolífico, puesto que además de retratos hechos por encargo, también  hizo de su familia, de la gente que lo rodeaba o, incluso, de personajes anónimos. Así, la obra de Francesc Borràs, por un lado, reúne múltiples testigos de las costumbres, los colores y las formas propios de la vida a las calles; y, por la otra, es también reflejo de la identidad social, en especial de las clases más poderosas.


Este doble vertiente de su trabajo puede servir para entender dos formas de concebir su obra: por un lado, hay el aspecto más personal de su trayectoria, el que empujaba al artista a salir a la calle y a dejarse seducir por todo aquello que lo rodeaba; y, por el otro, queda patente la voluntad de dejar constancia, a través de los retratos por encargo, de la identidad de unos individuos que formaban parte de la sociedad del momento, entendiendo que estos retratos acontecían testigo de una época. La exposición "Francesc Borràs. El retrato de la mirada" presenta a partir de varios ejes temáticos unas obras que comparten un elemento formal clave en este artista: la representación de la mirada. Este elemento formal es distintivo en los retratos de Francesc Borràs, puesto que contribuye a destacar la capacidad técnica y expresiva del artista y a entender su obra a través de la voluntad de mostrar aquello que nos diferencia y que condiciona la expresividad misma del rostro.

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